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Deuda Mundial ¿Qué deuda?

La digitalización financiera soporta cualquier número que se ponga y como la morosidad genera “intereses”, y las deudas se subastan, se traspasan, se venden etc

Publicado: 08/06/2022 ·
23:45
· Actualizado: 08/06/2022 · 23:45
Autor

Rafael Fenoy

Rafael Fenoy se define entrado en años, aunque, a pesar de ello, no deja de estar sorprendido cada día

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En este blog se pretende compartir análisis, reflexión y algo de conocimiento contigo persona lectora

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Muy recientemente, en estos días los grandes medios de comunicación han abordado a coro el tema de la DEUDA MUNDIAL. Basta buscar en internet y aparecen varios grandes medios del ppaís con estos titulares ¿Crisis de deuda mundial a la vista?, o este otro ¿Está el mundo inmerso en una enorme espiral de deuda? Un denominador común, de los varios enfoques con que se aborda este asunto, es el partir de que esa deuda existe. ¡Vamos!, que efectivamente se deben esos miles de Billones que sean. Porque las cifras que se barajan difícilmente caben en cabeza humana, cual distancias galácticas que aunque se repiten y reiteran cuesta, ¡que dijo cuesta” es imposible quedarse con ellas de una vez para otra.

La primera pregunta es si esos miles de billones, de la moneda de que se trate, existen realmente. Porque si existen es evidente que se les debe a unas poquitas personas y ello fundamentaría el hecho de que esas poquitas personas son miles de billones ricas. Y consecuentemente el resto de la humanidad es miles de billones pobre.

¿Cómo es posible deber tanto? Y otra ¿Cómo es posible conseguir que sigan “prestando”? A pesar de la inmensa morosidad que al parecer tienen empresas y estados -a partes iguales- y por otro lado la menos aabultada, pero importante, morosidad de las economías familiares.  Más aún cuando los países más ricos, incluido el gigante Chino, son los más morosos del mundo.

Por otro lado las monedas en las que se soportan las inmensas deudas mundiales son básicamente cuatro: Euro, Dólar, Libra y Yuan. Y resulta que una enorme parte de ellas están “inmovilizadas” en gigantescos depósitos de reserva de divisas. Según informe de la Organización Mundial del Comercio el conjunto de las reservas internacionales pasaron en estos últimos años de los 2,5 billones de dólares USA, a los casi 4 billones dólares, en 2020. Otras fuentes como el FMI (Fondo Monetario Internacional) a mediados de 2018, aportaba datos que dice, contrastados con la información facilitada por los bancos centrales incluso aporta el ranking de los 10 países con mayores depósitos: China con 3,162 billones de dólares, a los que hay que añadir 437.500 millones de dólares de Hong Kong, seguido de Japón con 1,205 billones de dólares y entre los siguientes ocho países se encuentran Suiza, Arabia Saudí, India, Corea del Sur, Brasil, Rusia y Singapur. Basta hacer un ejercicio aritmético de sumar, morosidad y depósitos de divisas, y las cantidades que se obtienen son de dimensiones imposibles de justificar y menos soportar en moneda, ya que no hay existencia de las mismas sumando la totalidad de los países del mundo.

¿Cómo es posible entonces que se ofrezcan datos sobre estas enormes cantidades de deuda? Una posible explicación se encuentra en la digitalización de las finanzas. En el mundo real, en el cotidiano discurrir de las operaciones de compra y venta la inmensa mayoría de estas son “virtuales”. Hay quien, a base de pagar con tarjeta o bizum, y tener domiciliados los recibos de los gastos a los que debe hacer frente, puede vivir sin llevar un euro en el bolsillo. Muchísimas personas, sobre todo jóvenes, confían en que los sistemas digitales y on-line nunca fallen y esto explica, tarjetas, móviles, relojes digitales, para hacer frente a los pagos por pequeños que estos sean. Esta digitalización financiera soporta cualquier número que se ponga y como la morosidad genera “intereses”, y las deudas se subastan, se traspasan, se venden entre acreedores. A partir de ese momento se separan las economías reales de las digitales y esto explica que las cantidades de deuda comiencen a no caber en cabeza humana. Otro aspecto que permite este dislate económico financiero es la autonomía de los Bancos Centrales de las grandes potencias mundiales para “fabricar dineros”. Moneda que no tiene respaldo alguno en las producciones mundiales, ni en los incrementos de los productos brutos de cada uno de ellos, sino que la “confianza” de los mercados fija el valor “virtual” de las grandes monedas. Por eso la denominada DEUDA MUNDIAL es la resultante de un conjunto de acuerdos entre partes y decisiones consensuadas por quienes controlan los grandes mercados financieros, que viven precisamente de irla aumentando “digitalmente”. Tiene bastante sentido que esta alocada carrera de incrementos de deuda se frene en seco. ¿Será posible? Históricamente países a los que se les ha endosado deudas multimillonarias, con ocasión de tratados llamados de “paz”, han acabado condonándose.  Sólo un ejemplo: A la Alemania de 1918, después de la primera guerra mundial se le endosó por parte de los vencedores una deuda cercana a los 300 mil millones de marcos que, conferencia tras conferencia fue reduciéndose, en sucesivas quitas hasta que al final se quedo en 5000 millones de marcos-oro, que tampoco se pagó. Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial qué no deberían Alemania o Japón. ¿Se le impuso deuda alguna?  No sólo no se le requirió compensaciones por daños de guerra, sino que se le inyectó dinero a espuertas a través del Plan Marshall. ¿Por qué son se llega a un acuerdo mundial y se condonan todas las deudas? Porque quienes siguen hablando de soberanía de los Estados aún no reconoce que hace mucho tiempo esta fue subastada y enterrada. De momento a cada persona le quedan  dos soberanías: La del monedero, pudiendo ejercer su capacidad decisoria sobre algunos, algunos,  aspectos de su actividad consumidora y la del “voto”, aunque sea para que salgan elegidos quienes tendrán que hacer lo que les manden los “mercados”. ¿O no?

Fdo Rafael Fenoy

 

 

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