El bote de hierro

Publicado: 07/03/2022
Autor

Manuel Varo Pérez “Ica”

Autor que cantara a su pueblo por carnavales y escribiera parte de su historia en Barbate Información, Trafalgar Información y Viva Barbate

Tambucho y Emparrillao

Narrador empedernido de un paraíso llamado Barbate, donde la naturaleza se distingue por su belleza

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Apareció en la playa de la Chanca con el cadáver de un hombre de origen asiático, cuyo cuerpo venía amarrado en el banco central de la embarcación...
Cada vez que veía aquella embarcación semihundida al final de muelle viejo, justo en la ‘punta los carabineros’, llamaba mi atención su forma y construcción. Todas las demás eran de madera, pero ésta de plancha de hierro unida con grandes remaches ovalados que le daban características de barco de guerra.

Aquellos días de sol infinito, en el trozo de playa después del muelle, los marineros pasaban el arte del barco a la orilla para que la marea lo limpiara –los artes eran de hilo y había que lavarlos si traía ‘pescao enmallao’ y los ‘oscuros’ que los barcos carenaban se descabalgaran del arte corcho y plomo para llevar al ‘tintaero’–. Los niños gozábamos tirándole piedras a los bancos de lizas que, como pirañas, devoraban los restos de pescado que desprendían las mayas; jugábamos haciendo ‘planas’ con las piedras lisas y redondas, cruzábamos al ‘laolla’…, pero cuando finalizaban tan gloriosas y épicas incursiones, a mí me seguía embargando la figura de aquel bote, con su compartimiento de proa cerrado con ‘pana de madera’. Mi ignorancia no entendía cómo podía flotar siendo de hierro.

Casi 50 años más tarde hablando con Pedro Soriano y Juan ‘Chaparro’, dos archivos de mi pueblo, dadas mis pesquisas por encontrarles razones a los hechos que en mi infancia se me atragantaban y, cómo no, aclarar ciertas curiosidades que siempre vagaron indiscretamente por el limbo de mi cerebro, llego a enterarme que por los años 30 este bote de chapas de hierro apareció en la playa de la Chanca con el cadáver de un hombre de origen asiático, cuyo cuerpo venía amarrado en el banco central de la embarcación y su compartimiento de proa venía lleno de paquetes de galletas.

Haciendo ejercicio de memoria me contaron que mientras llegaban el Juez de Paz y los sanitarios locales, para inspección y levantamiento del cadáver, ‘Juan el de la Tita’, su hermano Alonso, otros niños, y ‘José Micola’ – cuyo padre tenía el negocio de transporte de los carros y al enviudar su madre se casó con ‘Reondo’ , que estaba de ‘carrero’– , para vencer el hambre que siempre rondaba por sus estómagos, todas las galletas que el pobre asiático no degustara en su funesto crucero, fueron pasto de las anacaradas dentaduras de aquellos niños, acostumbrados a los amargos sabores de: “piel burros” , “camarinas”, “ palmichas”, “paquiquesos”, “quesillos” y alguna que otra “vinagrera”. Tan dulce festín, que acallara incluso los ‘retorcijones’ que a veces manifestaban sus estómagos, se convirtieron en temblores de piernas y “barriguitas sueltas”, cuando el juez y los médicos forenses intentaban averiguar dónde estaban las galletas, para su análisis e incluir en el informe; pues no todos los días aparecía en la playa de Barbate el cadáver de un chino amarrado al banco de un bote de hierro.

Me contaron que aquella gabarra posteriormente acarreo graba para los bloques que había en la playa del botero –primer enclave para la construcción del puerto–; que en él cruzaban el río los salineros y la gente de Zahara, hasta que sus chapas terminaran sepultada bajo el lodo de nuestras historia como tantas cosas en nuestro pueblo. 

 

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