La verdadera cultura

Publicado: 04/12/2022
Autor

José Chamorro López

José Chamorro López es un médico especialista en Medicina Interna radicado en San Fernando

Desde la Bahía

El blog Desde la Bahía trata todo tipo de temas de actualidad desde una óptica humanista

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La calle como universidad, sería de gran sapiencia, si suspendiera sus reuniones claustrales en la barra del bar
La cultura no puede generalizarse. Lo que sí hay que generalizar es el estudio. Partir del “todo” no sólo es absurdo, sino fraudulento y en ocasiones vejatorio. No todo lo que se realiza dentro un día normal del año, es cultura. Podrá ser o de hecho lo es, civilización, pero esta está situada en un escalón más bajo y cercano al lodo que se pisa. Todos no somos iguales, aunque nos lo quieran hacer creer aquellos que lo precisan para cabalgar sobre los hombros de nuestro voto. Todos no somos cultos, aunque nos lo creamos a veces porque nos enuncian con protocolo de don, ilustrísimo, o excelentísimo.

Los curriculum y la obesidad tienen en común, en un porcentaje muy amplio, que su volumen se debe más a lo ingerido de fuera, que a lo que nuestras funciones son capaces de originar. El rigor de una dieta o control de veracidad, los dejaría a uno delgado y al otro con capacidad de poder ser introducido en un solo folio. Los títulos una vez conseguidos quedan sobre una pared, pegados o colgados, como le ocurre a todo funcionario que cierra sus puertas al estudio continuado, con su empleo. La pereza y el sofá son la arena y el cemento de una construcción inamovible.

La calle como universidad, sería de gran sapiencia, si suspendiera sus reuniones claustrales en la barra del bar. Los oficios y el respeto hacia los mismos, cuando no estamos cualificados, diferencian al aprendiz, del maestro. Profesor y alumnos deben estar unidos como el alma al cuerpo, pero siempre sabiendo quién es el alma y quién está viendo cómo su cuerpo progresa. Tener dos carreras, es como tener dos amores, ninguno de los dos se sentirá completo por falta de dedicación absoluta. Escribir en prosa y verso, tiene el inconveniente que la prosa del poeta seguirá siendo poesía. Las variaciones de cargos, en el Estado, Comunidad o Municipio, en una misma persona, es un trato vejatorio hacia las ciencias las letras o el arte y hacen de la responsabilidad un árbol carente de frutos.

La pobreza siempre que cree que su remedio es la distribución de dádivas, seguirá ensalzando la existencia del limbo, como su paraíso. La producción de empleo tiene que ser su lucha y su meta. Los sentidos y los políticos tienen en común que son tan falsos como necesarios, nos hacen ver la luz y los colores, sin decirnos si son una realidad o sólo una ilusión de nuestra idea y nuestra retina. El universo son los ojos de aquel amor romántico que desde la calle vimos en su balcón a través de los visillos telescopios de sus cristales. La religión es un "pan desnudo" que espera la "chacina" de la fe o la mermelada de la oración, para ser auténticamente agradable y comestible. Dios es el árbol de hoja perenne, que nunca dejará sin sombra a todo aquel que en él quiera cobijarse. Los medios de comunicación son la "paella audio visual" que admite todo tipo de ingredientes. Nacer es salir de una cueva amenazada por el posible hundimiento de sus rocas abortivas. Morir es la esperanza y necesidad que tenemos de una vida bajo el imperio del amor y la amistad, una utopía que no sabemos cómo podrá palparla el espíritu.

El ocio es la bacanal del progresismo. El trabajo ha dejado el sudor y la frente se ha aliado al menor esfuerzo. La familia como el aire de las metrópolis, ha perdido pureza, al haberse acumulado a la misma múltiples gases no todos acordes con una limpia respiración. Las academias recogen a veces más apariencias, que experiencia y estudio. Las universidades más ideales y algarabías políticas, que conceptos asimilados o descubiertos. Padre, madre, esposa e hijos, los cuatro pilares de la mesa de la felicidad, están viendo cómo sus manjares son víctimas de la congelación y refrigeración, que degrada su tradicional sabor.  Todo camino tiene un fin, pero el que marca este escrito es desconocido. La duda es un alimento que no les gusta a los corderos. La manada siempre se apunta al “ pienso” fijo.

No todo lo que se hace diariamente llega a ser cultura, porque hay demasiada monotonía y profunda e invencible mediocridad en un porcentaje bastante preocupante de la sociedad y conviene recordar que la cultura no es algo instintivo o natural de las personas; precisa de un aprendizaje, cuanto más intenso y extenso, más dinámico, más alto será el nivel que ocupe. Un trípode sostiene a la verdadera cultura: la lectura, el estudio y el trabajo. Con ello se conseguirá el conjunto de ideas y conocimientos qué expresados por la actividad intelectual del ser humano, la define.

Las excelencias en todos los órdenes de la vida requieren esfuerzo, responsabilidad y enorme dedicación. El reconocimiento de la valía personal queda aparte y es siempre minoritario. La cultura siempre será deseo de superación y no debe doblegarse más que ante otra cultura superior. La vara sirve para dirigir el rebaño, la batuta dirige la orquesta, el puntero muestra el conocimiento que sólo tienen los maestros. La conciencia podrá ser juez y fiscal de nuestras diarias acciones, pero nunca será espejo de la realidad actual, que enmascara a la verdadera cultura.    

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