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Lunes 28/11/2022  

El cementerio de los ingleses

¿La excepción o la norma?

«Los jóvenes de hoy en día sólo quieren fiesta y no trabajar». Llevo desde que yo mismo era un jovencito escuchando esa patraña

Publicado: 21/11/2022 ·
12:53
· Actualizado: 21/11/2022 · 12:53
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Autor

John Sullivan

John Sullivan es escritor, nacido en San Fernando. Debuta en 2021 con su primer libro, ‘Nombres de Mujer’

El cementerio de los ingleses

El autor mira a la realidad de frente para comprenderla y proponer un debate moderado

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Hoy quería hablarles de los típicos tópicos. No les miento, hace tiempo que quería hablar de este tema porque creo que, en un país tan dado a colocar etiquetas sobre personas que ni conocemos, es importante abrir los ojos o quitarse la venda por lo menos. Aún tendemos a dictar normas en base al ruido para catalogar a otras personas cuyas vidas, vivencias y rutinas desconocemos. No es, tampoco, nada extraño: en un intento por creernos inteligentes o resabiados por la vida, tenemos la necesidad de hacer una radiografía de nuestros semejantes con sólo verlos o con muy poca información: «yo es que los huelo de lejos», suele decirse tras la exhibición de cuñadismo severo.

«Los jóvenes de hoy en día sólo quieren fiesta y no trabajar». Llevo desde que yo mismo era un jovencito escuchando esa patraña. De repente, de un día para otro, has olvidado cuando tú mismo cerrabas los bares con el enésimo cubata a medio acabar o saludabas a un nuevo sol en un descampado bajo los efectos del botellón nocturno. Has olvidado lo que era acudir a un examen pensando que no has estudiado suficiente, trabajar por una miseria porque estabas empezando o compaginar ambas cosas. Si, además, tenías alguna vocación aparte del futuro laboral o algún sueño por cumplir, eras un malabarista con tu propio tiempo para poder compaginar todo. Laura Rodríguez, por ejemplo, es una escritora malagueña. Autora de Fragmentos de un Corazón en Cuarentena, estudia Logopedia y aspira a hacer un doble grado en Logopedia y Psicología. Compagina sus estudios con eventos literarios y trabajos eventuales. El miércoles empieza la campaña de Navidad. Lleva los estudios al día y su segundo libro está tomando forma. Va a cumplir 22 años. Como ella, la mayoría de jóvenes luchan por abrirse camino. ¿De verdad los jóvenes están tan perdidos como se dice?

Antonio y Macarena son un matrimonio de etnia gitana. Él se gana la vida en el mercadillo, piojito, el barato o «los gitanos» según el pueblo al que vaya a trabajar. Ella es maestra. Se toman a broma los tópicos que aún existen sobre la comunidad gitana. Me acuerdo de ellos por un comentario despectivo hacia su etnia y no me pregunto si son la excepción o la norma. En realidad, es algo que hace años que tengo claro. Pero sigamos.

Said llegó de Argelia hace unos años. Trabaja en la construcción. Después de su jornada, toma una tapa con Paco, Wilmer y Florian. Paco es de Chiclana, Wilmer es de Colombia y Florian llegó de Rumanía poco antes que Said. Hablan del día que han tenido,

no han llegado los materiales y se han puesto a quitar escombros para aprovechar el tiempo mientras no había ladrillos que poner. Cosas que pasan. Mañana tendrán que apurar un poco porque el camión ha llegado casi a la hora de dar de mano. Ahora prefieren pensar en llegar a casa, comer con sus esposas e hijos y descansar un poco. Se preguntan cómo le habrá ido a Dan, el senegalés que a veces para un rato a tomar una cerveza con ellos. Sin embargo, saben que en el campo no siempre hay horarios. Se despiden y se marchan.

Estos son algunos ejemplos de lo que quiero decirles hoy. No, la mayoría de los jóvenes no andan perdidos (si Laura es excepcional es por su talento literario, les recomiendo su libro), ni los tópicos sobre los gitanos son en absoluto ciertos ni los inmigrantes vienen buscando pagas sin integrarse en la sociedad. El problema es que nos fijamos en la minoría que hace ruido. A la mayoría, que tiene una vida normal, no los vemos, precisamente, porque tienen una vida normal. Estudian, trabajan, están dentro de la masa social que cumple con lo que se espera de ella.

Los ojos de la gente no se posan sobre ellos, sobre esa mayoría, porque forman parte de esa multitud homogénea que es la sociedad. Piénsenlo bien: van ustedes por la calle, la gente camina cada una a sus cosas, todo es armonía: incluso el sonido de los coches puede resultar más o menos molesto pero no nos altera, es lo cotidiano y lo de todos los días. Sin embargo, ¿no girarían la cabeza para ver qué ha pasado si oyeran un golpe fuerte o un grito? Pues eso ocurre: terminamos generalizando sobre colectivos de personas por ese golpe o grito que son la excepción. A la mayoría, la norma, no la vemos.

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