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Miércoles 10/08/2022
 

Matrícula de deshonor

Un festín mediático

Tengo la sensación de que la invasión de Rusia al pueblo ucraniano se está convirtiendo en otro festín mediático al servicio del entretenimiento

Publicado: 11/04/2022 ·
12:29
· Actualizado: 11/04/2022 · 12:29
  • Un puesto de control ucraniano.
Autor

Federico Pérez

Federico Pérez vuelca su vida en luchar contra la drogadicción en la asociación Arrabales, editar libros a través de Pábilo y mil cosas

Matrícula de deshonor

Un cajón de sastre en el que hay cabida para todo, reflexiones sobre la sociedad, sobre los problemas de Huelva, sobre el carnaval...

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Tengo la sensación de que la invasión de Rusia al pueblo ucraniano se está convirtiendo en otro festín mediático al servicio del entretenimiento, eso sí, dramático, como toda guerra que hemos tenido que vivir a lo largo de nuestra existencia, que muchas de ellas siguen en activo, pero “más allá”. Las constantes informaciones van degenerando a medida que avanzan los días, creándose una normalización por la saturación en tiempo y forma que se le está dando a los asesinatos constantes que observamos en los cientos de videos realizados, en los que ofrecen tantos datos como nuestra condición puede permitir. Hay momentos en el que observo que las retransmisiones se vierten al ciudadano como el que comenta la cabalgata de los Reyes magos, con sus anuncios de viajes a paisajes paradisiacos, “entre muerte y muerte use la marca de colonia que toca”.   

Informar de aquello que nos preocupa se ha adulterado y los objetivos de informar sobre la guerra se han convertido en el medio para lograr más atención, más seguidores, más likes, que al final es lo que parece que preocupa a muchos medios informativos, youtubers, tuiteros, tiktokers y demás influencers que se están popularizando a costa de la guerra en todo su contexto y sin eufemismos que adornen las tramas. Lo estamos normalizando, estamos adaptándonos a la guerra, al sufrimiento, a observar cómo familias enteras acaban encharcadas de sangre en plena calle mientras se graba cómo se les va la vida sin dejar de mirar el contador de visitas. Y no importa si aquello que “se vende” es real o no, todo tiene su público y lo importante es el impacto que se pueda crear, aunque las imágenes sean de otra guerra o de una película con buenos efectos especiales.

La invasión de Ucrania, o mejor dicho, la masacre que están viviendo los ucranianos, se oferta al mejor postor en el mayor circo bélico de la historia, del que todo el mundo quiere sacar tajada, todo el mundo conoce y los espabilados de siempre se nutren para sus particulares intereses. Mientras unos pierden la vida, otros las contabilizan y, desgraciadamente, las rentabilizan.

 

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