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La Pasión no acaba

Ella no lo sabe

Ella no lo sabe, pero un tuit escrito desde la sensible hermosura del caramelo de sus ojos apagó el enardecido palpitar del que presumía mi pecho recién leída..

Publicado: 09/06/2022 ·
13:05
· Actualizado: 09/06/2022 · 13:05
  • La flor del pacífico...
Autor

Víctor García-Rayo

El periodista Víctor García-Rayo es el presentador y director del programa La Pasión de 7TV Andalucía

La Pasión no acaba

Dedicado al alma de

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Ella no lo sabe, pero un tuit escrito desde la sensible hermosura del caramelo de sus ojos apagó el enardecido palpitar del que presumía mi pecho recién leída una magnífica novela de Emilio Lara.

Ella no lo sabe, pero con apenas un comentario sobre la belleza de una flor del pacífico que cultivamos en nuestro jardín, estaba sembrando semillas de un amor tan grande que apaga con apenas un chasquido el desenfreno feliz de mi satisfacción después de devorar una buena pieza literaria. No lo sabe, no, pero tiene esa capacidad de apaciguar, de templar, de convertir la tormenta en calma. Y de, a partir de los sugerentes colores de los pétalos de una flor bella por castigo, construir un mensaje tan relajante como la paz que otorga el pacífico.

Ella no lo sabe, pero su manera de caminar por el jardín con su cola alta y rubia recogiendo los haces de cabello serena el césped y la tarde. A su paso provoca que las macetas estiren sus tallos para verla pasar. Hoy, en un puñado de caracteres, ha sido capaz  de vencer y convencer. A veces las palabras riegan, dan vida y luz de amor.

“Es de las flores más bonitas de mi jardín. Y tanta belleza solo a cambio de un poco de sol, agua y mucho mimo. Si todo fuese así de fácil, así de bello...” Con este tuit -ella no lo sabe- me hizo zozobrar, temblar, llorar. Sí. Con este tuit y una foto de una flor abierta en canal, como mi pecho, una flor de un jardín que conoce bien el amor, su paso con la cola alta y rubia pisando verdores y temores.

Ella no lo sabe, pero la flor más bonita del jardín no vive en una maceta. Duerme dentro, junto a mí, como si yo lo mereciera. La flor que recibe el sol, el agua y los mimos soy yo, aunque no pueda corresponder con una belleza inexistente.

Lo único que es fácil y bello es el llanto cierto de esta tarde, salado y sin embargo fértil. Es la hora del suave vaivén con la brisa de las hojas elegantes de las palmeras; la misma hora de pasar la palma de la mano por el romero para llevártela a la nariz mientras cierras los ojos y abres la memoria.

Ella no lo sabe, pero apenas una cosa en el mundo podía satisfacer más a mi corazón que el fin de la lectura de una buena obra (hoy de Emilio Lara).

Y era un mensaje suyo lanzado al mundo, gritado como la naturaleza chilla su hermosura aunque a menudo no sepamos escucharla.

Ahí está, la veo por el ventanal del salón. Pasea descalza por el jardín, riega con amor las plantas que un día hicimos nacer colocando las semillas en nuestra tierra. Debería pararse el mundo ahora mismo. Y quedarnos a vivir con un poco de sol, un poco de agua y mucho mimo. 

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