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La Pasión no acaba

Grito en silencio

Sevilla a veces grita con un silencio. Es como si sonara más alto el callado amanecer de un día nuevo para más tarde, cuando chillamos todos, regresar con...

Publicado: 26/05/2022 ·
08:42
· Actualizado: 26/05/2022 · 08:42
  • Vistas de la Giralda
Autor

Víctor García-Rayo

El periodista Víctor García-Rayo es el presentador y director del programa La Pasión de 7TV Andalucía

La Pasión no acaba

Dedicado al alma de

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Sevilla a veces grita con un silencio. Es como si sonara más alto el callado amanecer de un día nuevo para más tarde, cuando chillamos todos, regresar con su belleza la ciudad a un letargo mágico y sugerente que solo captan quienes ven piel en las piedras, sangre en el agua, músculos en las almenas, espejos en el río, trajes en las murallas.

Sevilla a veces grita con un silencio. Lo hace en este tiempo a la hora de la sobremesa, cuando nos escondemos en su vientre mientras un puñado de poetas asoma a la solanera buscando ese tesoro secreto de la intimidad con ella, con ella callada.

Sevilla a veces grita con un silencio. Lo hace en la Madrugá para dictar una nueva clase magistral de ser, de andar, de rezar, de esperar y vivir por el camino más corto, por el gozo más largo, por la mirada más profunda, por la fe más firme. Calladamente.

Sevilla a veces grita con un silencio. Lo hace bajo los centenarios arcos maestrantes que circunvalan irregular y amorosamente el ruedo de la vida y de la muerte. Sucede a la hora de la verdad más grande, cuando el diestro -héroe- mira a los ojos del toro en una liturgia maravillosa y le dice (sin hablar) que aquí estamos tú y yo. Solos. En silencio. Y es un silencio de verdad, de pureza, un sonido sublime que escapa por las tejas y atraviesa los edificios, los cuerpos, las almas.

Sevilla a veces grita con un silencio. Sucede cuando cualquiera de sus hijos pasea atormentado, atravesada el alma de lado a lado, por unas calles acogedoras, diseñadas a la medida exacta del corazón. Las calles de Sevilla parecen haber sido diseñadas para que pasen justamente los pasos de palio. Ellas escuchan en silencio, parecen saber -por tus pasos, por tu manera de andar- si hoy caminas con la pesadumbre a rastras, con la pena en el alma, con el miedo en la sombra que te persigue en cada zancada.

Sevilla a veces grita con un silencio. Y ese silencio, si no fuera sevillano, podría matarte. Por eso Sevilla es un salvavidas, un puerto para el barco en apuros de oleaje, una falda materna, el pecho de la mujer que amas. El lugar exacto, el punto clave, la estación definitiva.

Sevilla a veces grita con un silencio. Apenas tienes que salir a ella, a visitarla, a besarla. Y dejar que te acune, te cure, te cuide, le ponga remedio a una herida que parece no querer cerrarse jamás. La ciudad lo hará humildemente, serenamente, sin aspavientos ni contrapartidas, con una sonrisa fascinante. Y en silencio, siempre en silencio, porque ella sabe que es el estado sonoro natural de la gloria. Asómate a Sevilla, mírala en silencio. ¿A que es maravilloso?

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