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La Pasión no acaba

Corazón de estreno

No sé si lloraba en el cielo, si sonreía a medida que Manolo Escribano se pasaba por los muslos a “Remontista”, de Miura, o si la emoción le pudo tanto como...

Publicado: 12/05/2022 ·
11:10
· Actualizado: 12/05/2022 · 11:10
  • Manuel Escribano.
Autor

Víctor García-Rayo

El periodista Víctor García-Rayo es el presentador y director del programa La Pasión de 7TV Andalucía

La Pasión no acaba

Dedicado al alma de

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No sé si lloraba en el cielo, si sonreía a medida que Manolo Escribano se pasaba por los muslos a “Remontista”, de Miura, o si la emoción le pudo tanto como a mí me vence escribir estas líneas.

No sé cómo lo vivió mi padre allí arriba.

Mi padre me enseñó a querer la fiesta, a amarla. Él y mi madre me llevaron de niño a los toros para inyectarme un veneno que vive en mí, que se apoderó de cada centímetro de mi ser, de cada aliento de mi alma, de cada lágrima. Y no puedo vivir, no entiendo la vida sin ella. En ella me crié, dentro de su vientre de albero y sangre soñé con ser lo que soy. Y aquí sigo, amándola como si no hubiera un mañana, defendiéndola con todas mis fuerzas.

No sé si lloraba en el cielo, si sonreía a medida que Manolo Escribano se pasaba por los muslos a “Remontista”, de Miura, o si la emoción le pudo tanto como a mí me vence escribir estas líneas.

No sé cómo lo vivió mi padre allí arriba.

Ocurrió en el quinto toro. Escribano se estaba chocando con una “miurada” que no le daba opciones, pero es un torero tan largo que no dejó que la fiesta decayera. Allí no se aburría nadie. Al contrario, la atención se mantuvo siempre arriba. Entonces, cuando el único toro de “Zahariche” que esa tarde le embistió decidió meter la cara, el torero de Gerena sacó lo mejor de su torería para cuajarlo en una faena de dos orejas (una se la hurtaron) y entonces sucedió uno de los momentos más emotivos, hermosos e inolvidables de toda mi vida. Se estrenó en la plaza de mis amores el pasodoble que lleva mi nombre, escrito por el músico Abraham Padilla. Sí. En la Maestranza sonaban los acordes de “Víctor García-Rayo” para una faena de Manolo Escribano el día de su encerrona con seis toros de Miura.

No sé si lloraba en el cielo, si sonreía a medida que Manolo Escribano se pasaba por los muslos a “Remontista”, de Miura, o si la emoción le pudo tanto como a mí me vence escribir estas líneas.

No sé cómo lo vivió mi padre allí arriba.

Recordé aquel día que mi padre entró en mi habitación. Yo aún era niño pero ya me empeñaba en rellenar páginas y páginas de cuadernos. Y devoraba libros, uno tras otro. Entonces me dijo: “Hijo, un día serás escribiente, o escribano, o como se diga...”. No sabía mi padre que su hijo quedaría vinculado a un Escribano para siempre. Pero a un Escribano capaz de escribir páginas de historia del toreo, a sangre y fuego.  

No sé si lloraba en el cielo, si sonreía a medida que Manolo Escribano se pasaba por los muslos a “Remontista”, de Miura, o si la emoción le pudo tanto como a mí me vence escribir estas líneas.

No sé cómo lo vivió mi padre allí arriba.

Yo... estoy llorando. 

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