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La Pasión no acaba

Guadalquivir

Tiene en las manos el temple del vaivén lento del Guadalquivir a su paso por Coria cuando la marea viene despacio, como queriendo acurrucar a un niño pequeño

Publicado: 31/03/2022 ·
00:19
· Actualizado: 31/03/2022 · 00:19
  • José Chacón.
Autor

Víctor García-Rayo

El periodista Víctor García-Rayo es el presentador y director del programa La Pasión de 7TV Andalucía

La Pasión no acaba

Dedicado al alma de

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Tiene en las manos el temple del vaivén lento del Guadalquivir a su paso por Coria cuando la marea viene despacio, como queriendo acurrucar a un niño pequeño y besa las orillas mojando de nuevo la tablazón de las barcas. Sus piernas son dos pedestales de mármol capaces de sostener con fuerza el peso del toreo. No tiemblan, son dos columnas que aguantan los miedos con la seriedad de las cosas grandes. José Chacón tiene la mirada profunda del artista que sabe que la magia es posible, torea con las palmas de las manos y con las yemas de los dedos y sabe que el alma se cuida por arriba y el toreo se hace por abajo. Huele a torero, suena a torero.  Chacón no es torero porque quiera serlo, lo es porque no puede evitarlo. Nació así, como Velázquez nació pintor, como Sinatra vino al mundo cantante, como rompían las madrugadas con la garganta Fernanda y Bernarda en el vientre materno. José es torero porque sus poros son alamares, porque en sus manos se duerme el terciopelo, porque lo tiene clavado en el pecho...pero por dentro.


Tiene en su forma de caminar por la plaza de toros los andares de la cava de los gitanos, ese paso de barro y de fragua, de cincel y metal. Y sabe, porque el artista de verdad es siempre humilde, que mostrar la montera al cielo es levantarle la cara al toro de la algarabía. Y saluda a media altura, porque el toreo es cintura y compás, cante grande. Un saludo montera en mano de José Chacón es una bulería.


Marca los tiempos de lo que hace y de lo que dice, respeta con mimo los chismes y los momentos. Se le quiebra la voz cuando dice un ole y se le escapa la admiración por las cuerdas vocales cuando asiste a un muletazo por derecho, de allí hasta aquí, por abajo, despacio.


Hoy he visto torear a un torero de plata con más de dos mil corridas en los riñones, con varias vueltas a España y alguna al mundo. Conoce continentes y contenidos, toros que quisieron quitarle la cabeza y ejemplares que le quitaron el sueño. Tiene la casa llena de trofeos y ha logrado que las plazas guarden silencio cuando está a punto de ir al toro a zamparle un par de banderillas en todo lo alto. Se le encienden los ojos cuando habla de toros porque ama lo que hace y lleva en el alma las luces de los vestidos. Unas botas y una gorrilla son suficientes para verlo parar un toro en la plaza de tientas y saber que rezuma torería, que respira arte, que torea andando y anda toreando.


Hoy me he asomado al Guadalquivir, a su paso por Coria. El agua venía templada y traía olitas con rajeos de Triana. Y me pasó el compás de la marea muy cerquita, aquí por abajito, como el toreo... como saluda José Chacón.

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