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La escritura perpetua

Miguel Mihura

Fue el gran maestro del teatro de situación, con unos diálogos que a veces retuercen la lógica hasta irrumpir en un humor imposible y cálido

Publicado: 04/05/2022 ·
12:59
· Actualizado: 04/05/2022 · 12:59
  • Telón de un teatro.
Autor

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles es periodista y escritor. Exdirector de informativos de Cadena Ser en Huelva y Odiel Información. Autor de 4 libros.

La escritura perpetua

Es un homenaje a la pasión por escribir. A través de temas culturales, cada artículo trata de formular una lectura de la vida y la política

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Miguel Mihura fue un solterón -como se decía antes- bastante mujeriego. Sara Montiel, cuando presentó su libro de ‘Memorias’, sorprendió a todos al afirmar: “A mí me desvirgó Miguel Mihura”. Mihura y el amor/desamor. El profesor Emilio de Miguel escribió: “La pareja humana es, en efecto, su única fuente de dramatismo, la materia común a la que dará forma en cada obra”. Mihura renunció poco a poco a obras de elevadas pretensiones, después de que ‘Tres sombreros de copa’, su primera pieza, una maravillosa pirueta del teatro del absurdo con matices madriles, tuviera que esperar durante 20 años en un cajón a su estreno. Mihura escribió obras que no son de tesis, sino de ocurrencias. “-¿Está usted muerto? –Prácticamente sí”. Pero en su teatro destaca la permanente crítica envuelta en seda a la falsedad de costumbres y conductas existente en España, al chismorreo que envenena la vida de unos y otros. Doña Paula, en ‘Maribel y la extraña familia’, afirma: “Porque si yo no he salido a la calle hace 60 años, desde que me quedé viuda, no ha sido por capricho, sino porque me daba vergüenza que me vieran todos los vecinos que estaban asomados a los balcones para criticar a todas las que salían”. Y Dorotea ironiza amargamente en ‘La bella Dorotea”: Me caso con un sinvergüenza de Madrid que solo me quiere por dinero. Eso se dice en el pueblo (…) Aquí todos son enemigos”. Mihura alcanzó a describir como nadie el ambiente opresor de aquella España que, en parte, es todavía esta España.

Fue el gran maestro del teatro de situación, con unos diálogos que a veces retuercen la lógica hasta irrumpir en un humor imposible y cálido. José Monleón lo definió casi con una greguería: “El humor es el hijo civilizado del pesimismo en Mihura”. Enrique Llovet también lo expresó: “La risa provocada de Mihura se dirige a la inteligencia”. Porque Miguel Mihura, sí, se dirigió permanentemente a la inteligencia del espectador. Ahora se ha estrenado en el Teatro Español de Madrid, y saldrá de gira, ‘La bella Dorotea’, montaje que respira en la ternura, la poesía y la maravillosa melancolía de Mihura, en un espectáculo que respeta la atmósfera de la obra y con una excelente interpretación de Manuela Velasco -la sobrina de doña Concha-. Pero se echan en falta más estrenos de sus obras. Los diálogos se sustentan en una carpintería teatral perfecta y se desarrollan a veces en la atmósfera de suspense que Mihura recogió de su admirado Simenon. La España actual es distinta a la de Mihura, sí, pero los vicios que asfixian la vida no han cambiado.

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