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Miércoles 17/08/2022
 

Feliceando

La estrella que no quería brillar

Un relato inspirador para recuperar la esperanza y las ganas de vivir.

Publicado: 15/12/2021 ·
11:49
· Actualizado: 15/12/2021 · 18:19
  • La estrella que no quería Brillar
Autor

Juan Carlos Maestro Arcos

Autor de varios libros relacionados con la Felicidad y el Liderazgo. Creador del Concepto de la Felicacia®. Formador y conferenciante

Feliceando

Aportaciones, sugerencias, comentarios y entrevistas sobre la felicidad y la felicacia

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Hace ya casi una eternidad que me siento triste y abatida, por lo menos eso es lo que me parece, la verdad es que no le encuentro sentido a mi existencia en este desolador firmamento y cada día que pasa me siento mucho peor.

Por esta causa he solicitado reiteradamente hablar con mi Creador, para poder explicarle que ya no soy feliz y que no quiero brillar, con la esperanza de que en su bondad y comprensión me permita apagarme definitivamente. Después de algún tiempo sin recibir respuesta, mi pena sigue en aumento y eso aún me desespera más, pues no hace más que confirmar que efectivamente ya no soy necesaria y que paso totalmente desapercibida en este inmenso firmamento.

Pero uno de esos días en los que el silencio cósmico parecía más abrumador sentí un dolor desgarrador motivado por mi profunda soledad, y cuando todo parecía indicar que finalmente mis lágrimas acabarían apagando el fuego de mi luminosidad, fue justo cuando oí una voz que me hablaba y me decía:

He oído decir que querías hablar conmigo.

Supe al instante que esa era la voz de mi Creador que se dirigía a mí, y aunque mi corazón dio un vuelco por la sorpresa y la falta de costumbre a los ruidos y las voces, me dirigí a Él sacando fuerzas de donde ya casi no quedaban y le contesté:

— Hace tiempo que quería hablarte de la situación en la que me encuentro.

Cuéntame, para eso he venido —contestó.

— En esta última etapa de esta interminable eternidad, me siento muy triste y ya no quiero brillar.

¿Y cuál es la causa de esa terrible tristeza?

— Me siento una estrella muy afligida porque mi luz es casi imperceptible para los humanos: cuando ellos miran al firmamento y se quedan observándolo nadie se fija en mí, puedo oír sus comentarios y sus pensamientos y veo cómo hacen figuras y dibujos con las otras estrellas... Se diría que todas las demás han encontrado su sitio en este firmamento y su existencia parece tener sentido, parece que todas ellas forman parte de alguna constelación o son una referencia que justifica su razón de ser. En cambio, yo siento que estoy en medio de la nada.

¡Ay, mi pequeño soplo de inspiración! —exclamó— ¿No ves que todas las estrellas lucen, y que entre todas alumbráis una de mis mejores obras, que es el firmamento?

— Sí, ya sé que todas brillamos —contesté—, pero ¿te has fijado en que todas las demás brillan con más intensidad y luminosidad? Cada vez que las observo me gustaría ser como ellas, brillar, ser más grande y formar parte de algún cosmos, por pequeño que este fuera, querría servir para despertar la imaginación de los niños y ser un punto de referencia para que jueguen conmigo creando los dibujos o figuras de su imaginación; desearía servir para guiar a marineros y alpinistas, o simplemente dar un destello de esperanza y de alegría a todos aquellos que puedan sentirse perdidos o desolados en la oscuridad de la noche...

Dios guardó silencio como comprendiendo mi abatimiento y queriendo pensar bien lo que iba a decirme, finalmente continuó:

¡Mi pequeña estrella! ¿Por qué te sientes abatida? ¿No comprendes que todas y cada una de las estrellas a las que te refieres se cambiarían por ser lo que tú eres, por ser ellas las portadoras de tu gran secreto?

Sorprendida y enormemente extrañada, contesté:

— ¿Yo…? ¿Portadora de un gran secreto…? ¿Qué secreto, mi Señor?

Tú eres la primera estrella que yo creé, tú eres el centro de todo el firmamento, cuando el hombre te descubra comprenderá grandes cosas de la creación, y en ese momento te convertirás en el centro de todas las miradas, serás admirada y todo el mundo querrá saber dónde te encuentras y desearán conocerte, escribirán libros sobre ti y a partir de ese momento habrá un antes y un después en la comprensión de todo el Universo. Todas las demás estrellas, a las que dices que admiras y que brillan más que tú, las he colocado para mantenerte un poco oculta y para que llamen la atención de los humanos, y lo he hecho así para que ellos descubran por sí mismos que no siempre lo que brilla es lo más relevante en el Universo.

— ¡Oh, Señor! No era consciente de esta realidad, nadie me había dicho nada.

Animado Dios por los cauces que estaba tomando la conversación y viendo que mi desesperanza había desaparecido, continuó diciéndome:

No me agrada hacer revelaciones directas, prefiero que todos y cada uno de los seres que he creado haga sus propios descubrimientos, pues parte de la esencia de vivir consiste en encontrar la propia verdad.

— Pero Señor, ¿cómo podía yo saberlo? —respondí.

Cuando hablabas con las otras estrellas, ¿acaso no te sorprendía que ninguna de ellas pudiera ver a todas las demás mientras que tú, gracias a tu posición privilegiada, podías verlas a todas?

— ¡Es verdad! —exclamé— ¿Cómo no había caído en ese detalle después de tanto tiempo de soledad?

El Señor, como queriendo darme más pruebas de lo que yo representaba para el Universo, me dijo entonces:

¿Recuerdas cuál es tu nombre?

— Si, claro que sí, me llamo AO

¿Y sabes lo que significa?

Me quedé reflexionando detenidamente, pues en todo el tiempo de mi existencia nunca me había puesto a pensar en que mi nombre pudiera tener un significado, más bien me pasaba todo el tiempo pendiente de la luminosidad de las otras estrellas, y eso parecía importarme mucho más que todo lo concerniente a mí. Después de una breve pausa sumida en mis reflexiones, contesté:

— No, claro que no sé lo que significa.

Mi Dios, sensiblemente emocionado por el espíritu de la conversación, me dijo rápidamente:

Todo nombre que he puesto a mis criaturas tiene un significado, y el tuyo se compone de dos iniciales, la A, que representa el alfa, que como todo el mundo sabe significa el principio, y la O, que es el omega, y que simboliza el final. Por eso tu nombre representa que tú fuiste la primera estrella que creé y también que en tu destino está que serás la última de todas en desaparecer: tú serás el único testigo material y podrás ver cómo transcurre toda mi creación.

En esos momentos tuve una gran sensación de malestar, pues al vislumbrar toda la responsabilidad que se había depositado en mí, comprendí que mi Señor debía de estar decepcionado conmigo, pues en lugar de haber averiguado mi sitio en este gran Cosmos y sentirme orgullosa de lo que era había caído en la desesperanza y en el deseo de dejar de existir. Al comprender mi significado y lo que este implicaba, respondí:

— Señor, te pido perdón por mi sentimiento de frustración y te prometo que a partir de ahora llevaré con orgullo mi secreto y mi responsabilidad.

Mi pequeña y estimada AO, lamentablemente esta situación no es nueva para mí, a mis criaturas favoritas, los humanos, les pasa constantemente.

— ¿Y cómo es eso, Señor? —inquirí.

A todos y cada uno de ellos les he dado talentos necesarios para que puedan descubrirlos y brillar con luz propia. Cuando desarrollen y pongan al servicio de los demás esas cualidades observarán que son admirados, y yo además les premiaré con abundante felicidad y prosperidad. Pero la gran mayoría solo tiene ojos para ver los dones de los demás, creyendo que los suyos son menos importantes, o, lo que es aún más lamentable, no llegan a intentar descubrirlos. Esa sensación les crea frustración, malestar y desesperación, y no consiguen encontrar la felicidad. Para colmo de males oigo lamentaciones y plegarias quejándose de por qué no les he dado el talento de los demás, cuando en muchas ocasiones, al igual que te ha pasado a ti, el suyo es más relevante que el de los otros.

— Señor, ¿acaso es que no saben dónde buscar esos talentos? —le pregunté.

Las cualidades de cada uno siempre las pongo en el mismo lugar: en su propio corazón. Tan solo deben escuchar sus dictados, pues este, al igual que una brújula, siempre marcará el camino para desarrollar el potencial que cada uno tiene. Pero mis amadas criaturas no se toman el tiempo necesario para reflexionar y para hacer aquello para lo que han nacido, por lo que finalmente terminan viviendo vidas que no quieren vivir y haciendo cosas que solo les producen desolación.

— Señor, ¿y no crees que quizás haya más personas de las que piensas que ya han descubierto su propio fin?

Sí, es verdad que muchos, después de algunos años de vida, descubren cuáles son sus potenciales o sus sueños, pero no es suficiente con descubrirlos, es necesario desarrollarlos y luchar por alcanzarlos, y son demasiados los que cuando los descubren no tienen el coraje suficiente para desarrollarlos, argumentando cosas como: “Soy demasiado viejo”, “Es muy complicado”, o arguyendo otros compromisos u obligaciones; en definitiva, no son capaces de seguir los dictados de su corazón, y no llegan a comprender que cuando tomen la determinación de hacer aquello para lo cual ha sido creado, contará con toda mi ayuda y mi bendición.

— Señor, ¿y se puede hacer algo para que cada uno encuentre su camino?

Ya he dejado mi legado para que sea escuchado por todos; son muchos los humanos que ya han descubierto este secreto y que me ayudan a divulgar el mensaje, pero desafortunadamente otros muchos seguirán sin escuchar y sin comprender que el secreto de la felicidad es convertirte en la persona que debes ser y para lo cual has nacido.

Finalmente, sorprendida pero animada a asumir mi propio destino, exclamé:

— ¡Gracias, Señor, por escucharme! Ahora que conozco y que sé para qué me has creado, me siento importante y llena de vida, hasta siento que mi luz es más intensa y percibo que las otras estrellas me miran de forma diferente. Gracias por hacerme ver que ser la estrella más brillante o ser la más grande no es lo más importante, gracias por hacerme comprender que hay cosas pequeñas y escondidas que tienen un gran valor. ¡Ahora sé que el resto de mi vida haré y seré aquello para lo cual he sido creada!

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