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Miércoles 06/07/2022  

El cementerio de los ingleses

Eurovisión

Este año, llevamos a una artista que lo es de verdad. Canta, baila, transmite fuerza y energía...

Publicado: 06/05/2022 ·
21:51
· Actualizado: 06/05/2022 · 21:51
Autor

John Sullivan

John Sullivan es escritor, nacido en San Fernando. Debuta en 2021 con su primer libro, ‘Nombres de Mujer’

El cementerio de los ingleses

El autor mira a la realidad de frente para comprenderla y proponer un debate moderado

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Ya no falta nada para que Chanel actúe en Turín. Eurovisión ya está a la vuelta de la esquina y volverán los comentarios de siempre: que si esto es política más que canción, que si no deberíamos volver, que si los países vecinos o que si yo hubiera llevado a este otro artista. El resultado marcará el guión de un debate que ya está servido, en los medios y en la calle, desde el polémico Benidorm Fest. Ese festival extraño que ganaron las Tanxugueiras por votos populares, aunque luego la ponderación de los mismos según cada jurado llevó a Turín a la intérprete de SloMo. Tampoco sé de qué se extraña la gente en un país cuyo sistema electoral hace que haya veinte escaños de diferencia entre dos partidos empatados a votos.

Dependiendo del resultado que obtenga la artista, unos tragarán sus palabras y otros saltarán con que “te lo dije”, al más puro estilo de la chirigota del Selu en el 2009. En cualquier caso, volveremos a un debate que tenemos cada año por estas fechas. No faltará el repaso a los históricos costalazos eurovisivos de la delegación española: la barca a la deriva de Remedios Amaya, el gallo de Manel Navarro, el insistente fracaso de “Operación Triunfo” y el digno resultado de Rodolfo Chikilicuatre. Y es que es extraño, ofensivo para algunos, que un personaje de parodia obtuviera mejor resultado que algunas estrellas, fabricadas en serie para tratar de ganar el Festival.

Este año, llevamos a una artista que lo es de verdad. Canta, baila, transmite fuerza y energía... No me gusta la canción que lleva, la verdad, pero reconozco que es comercial y puede funcionar. De hecho, si funciona, será a pesar de la canción y gracias al desempeño de la joven Chanel. Si no lo hace, seguramente se criticará la letra ininteligible que mezcla castellano con anglicismos a lo loco, rollo “hago zoom zoom con mi boom boom”. Qué de rodeos para decir “muevo el trasero de forma enérgica”. Sinceramente, me parecía más original la reivindicativa “Ay, mamá”, con la coreografía algo alocada de Rigoberta Bandini y su conjunto; o, ya más que sobresaliente, la propuesta de Tanxugueiras: una canción con letra en gallego, estribillo en esta misma lengua más catalán, euskera, “asturianu” o bable, castellano y lengua de signos; una exhibición de folklore gallego mezclado con vanguardia y percusión electrónica; una exhibición al exterior de una parte de nuestra cultura que escapa del normativizado “flamenco, toros, olé” que se sobreexplotó durante el siglo pasado...

No critico a Chanel ni muchísimo menos. De hecho, creo que es una grandísima artista a pesar de su canción. Pero creo que, toda vez que hemos visto ganar al grupo de hard rock Lordi en 2006 (los que iban disfrazados de monstruos), que hemos visto canciones en gaélico viniendo de Irlanda y que llevamos años sin dar una con fórmulas festivaleras, creo que habría sido interesante cambiar la apuesta. Además, resulta ofensivo y poco democrático que el voto de cinco profesionales valga más que el de millones de personas (voto, además, que no era barato de emitir). Pero claro, nadie quería que el tono feminista de “Ay, mamá” o la exhibición de folklore alejado de los tópicos de “Terra”, de Tanxugueiras, pudiera olerle a algunos a ideología. Si es que tenéis razón, esto de Eurovisión es todo política.

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