Situaciones herodianas

Publicado: 27/12/2020
Autor

José Chamorro López

José Chamorro López es un médico especialista en Medicina Interna radicado en San Fernando

Desde la Bahía

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Habrá que recordar a alguien más que a Herodes en el “día de los Inocentes”. 
Eran verdaderamente creativas las manos de aquel pescador. Adornó la bella embarcación por él construida con el color azul de cielo de los ojos de su amada. Cuando se miraba el mar, se ponía mayor énfasis en la figura de aquella barca que en el leve rizado del oleaje  El viento le susurró con aires inquisidores al mar: No debes admitir que nadie intente superarte en belleza. Si quieres te puedo ayudar a destruir toda embarcación existente en la playa. Y las enormes olas empujadas por un viento huracanado lo llevaron a cabo.

Herodes presumía de ser un Rey con una capacidad política suprema, pero unos Magos (y reyes) le comunicaron que vieron una estrella en el Oriente que les indicaba que el Rey de los Judíos había nacido, que venían a adorarlo y que la profecía afirmaba que sería en Belén de Judá el lugar de donde partiría el Rey que gobernaría al pueblo de Israel. Al no tener respuesta posterior de estos Magos, irritado ante esta burla, mandó matar a todos los niños que había en Belén y su comarca, de menos de dos años.  Brutal infanticidio que quedó grabado como fecha, con el nombre de Día de los santos inocentes. Fue un hecho único, al menos no repetible, entre otras causas, porque el tirano dejó pronto de existir.

Cuando por primera vez pisé el anfiteatro de la antigua Facultad de Medicina de Cádiz, impresionaba en el frontal de su salón el amplio mural con el texto del Juramento Hipocrático. Entre tantas sabias frases, una de ellas indicaba claramente que el médico no debía practicar maniobras abortivas. Han pasado veintiseis siglos y seguimos discutiendo si el ser humano lo es desde el primer día o solamente cuando alcanza la vida extrauterina, porque el aborto legal quiere prolongarse incluso hasta el noveno mes. Da la impresión de ser el aborto un “Herodes anticipado” y mejor relacionado que el bíblico, consiguiendo con ello poner la ley de su parte. Las víctimas no han cambiado, siempre son las mismas, los pequeños e indefensos inocentes.  La diferencia es que esta acción no es única, sino perdurable.

El vehemente y soberbio siglo XXI, eliminador de religiones y creencias, que se precia de ser dominador inteligente y baluarte progresista, se sobrecoge, sin querer reconocer cuánto ignora, ante la expansión de una partícula microscópica, un virus que no ha dejado suelo libre de su invasión. Carecemos de armas ante él. El daño ha dado un giro de 180º grados actualmente. La infancia le ha cedido el testigo a la ancianidad que ahora es la mártir de esta cruzada patológica. La negligencia humana y los errores por ignorancia están entre las causas de este genocidio herodiano/viral, que esperemos sea único y finalmente dominable.

Las edades maduras y jóvenes han tenido, tienen y tendrán como flagelo mortal la Guerra, que bendice la muerte en los campos de batalla, pero en la retaguardia las madres maldicen a los herodes/promotores de la misma.

Se va el año 2020. Todos de acuerdo en que no se olvidará la tristeza, coartación de libertad, aislamiento, pérdida de vida de relación con los seres más queridos y ausencia definitiva, sobre todo - y por miles - de los más mayores, a una edad en que la ternura se desparrama cubriendo el espacio hogareño. Sin darse cuenta el Gobierno, no intencionadamente, pero sí con una falta de tacto social propio  de las controversias partidarias actuales, da luz y libertad a la Ley de Eutanasia que hubiera requerido muchos más debates, mayor participación médica y menos imposición mayoritaria - máxime con el grado de crispación que se ha conseguido implantar últimamente en la población - y ha dado lugar a un enfrentamiento entre la “cultura de la vida y la cultura de la muerte”. La muerte nunca será digna - por más eufemismos que se le agregen - mientras no haya más seguridad que tras ella continuará otro tipo de vida. Lo que sí se puede hacer más digna es esta vida terrenal, pero los poderes públicos parecen estar contra ello al no garantizar ni la integridad física, ni la propiedad, ni la libertad de expresión sin miedo a una posible represalia. Los de mayor edad pueden ver en esta ley, más que una mano que acaricia, una mano que constriñe. Se sentirán “inocentes”.

Sentados sobre las agrestes rocas del acantilado, el pescador de manos creativas llora la pérdida de su barca. Alguien le indica: -Pero si tú tienes capacidad de hacer otra incluso mejor, por qué estás tan afligido. Es que estaba enamorado e ilusionado con ella. Qué pena que la humanidad y los pueblos que la conforman, estén tan lejos de estos y otros sentimientos. Habrá que recordar a alguien más que a Herodes en el “día de los Inocentes”. 

 

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