Oleaje navideño

Publicado: 13/12/2020
Autor

José Chamorro López

José Chamorro López es un médico especialista en Medicina Interna radicado en San Fernando

Desde la Bahía

El blog Desde la Bahía trata todo tipo de temas de actualidad desde una óptica humanista

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El oleaje está convulso, bravío y turbio, ahora sí sabemos quién lo mueve, la indignación ante los hechos llevados a cabo por los seres humanos.
Vivir en una Isla. Poder ver todos los días el mar inmenso, el océano, es un sueño que en el isleño se ha hecho realidad. Le basta con acercarse a su playa y observar cómo las olas que comienzan a forjarse mar adentro, sin importar quien lo ordena, sea su ilusión el llegar a acariciar la arena de la orilla y en esa ternura finalizar su existencia. El susurro que producen es lenguaje que sólo entienden la salada agua y la granujiente grava, pero a nuestro oído suena como sublime canción.

Hace más de dos mil años, en aquella Palestina y en tierras de Galilea, una jovencita encinta va a dar a luz en donde le ha sido posible encontrar refugio un hijo varón, que ya previamente le había sido comunicado. Las condiciones milagrosas del parto y alumbramiento, dan lugar a un Dogma, un misterio, el de la Encarnación.

La Navidad es la conmemoración del nacimiento de ese niño - verdadero Hijo de Dios - que celebramos en el último mes del año, un diciembre que en la actualidad, se nos presenta triste - han sido y siguen siendo tan elevadas las pérdidas de vida - pero a la vez esperanzador, porque siempre hemos creído que en medio del dolor y la miseria que la pandemia arrastra, surgirá ese amor, esa solidaridad y esa fraternidad que la efeméride expresa, para poder avanzar, juntos, hacia esa normalidad, que ahora perdida, nos hace reconocer su enorme valía. La nostalgia nos está deprimiendo el ánimo. El miedo nos hace repeler el contacto con los semejantes, la miseria nos empequeñece y puede hacernos miserables, pillos o delincuentes.

Qué nos pasa, que después de tanto hablar durante siglos de amor, de doctrina social, de justicia, de igualdad, de defensa de la verdad, la vida y la propiedad, de deseo de perfección, no aparezcan ninguna de estas cualidades por ningún lado de esta piel de toro, cuyo futuro se prevé rota a jirones.

Pandemia brutal. Se precisa experiencia para combatirla. Los expertos envueltos en sábanas fantasmales, no se presentan ni a los pequeños. Se olvida el sumar y cifras de muchos miles de diferencia, en relación a la mortalidad, se dicen son salvedades pasajeras. Se cometen todos los desaciertos imaginables. Nadie dimite. Eso sí, hay que acabar con la Monarquía y ese “papelito” denominado Constitución. Espera el candidato a presidente, amigo y del mismo partido. Alguien ha dicho que la nación acabará en un grupo de “republiquetas”. Y por qué no “cantonalismo” que es lo nuestro cuando somos República. Se oyen aplausos en el Parlamento. Se han aprobado los Presupuestos. Se ha ganado el partido. Oiga, pero si habéis alineado a grupos contrarios a nuestra nación. Como lo permite el federal Gobierno español.  El respeto a la vida y la propiedad entran en tisis galopante. Las apropiaciones indebidas han impuesto su ley. La corrupción su norma.  Finalmente la nueva Ley de Educación y adoctrinamiento, rechaza los derechos de los padres para hacerse ella, regidora de sus hijos.  A la religión se le abre las puertas de las Escuelas, para que salga a pasear, ya que allí no la precisan y saben además la indiferencia o negación cada vez más creciente que hay hacía ella en la calle. Ser ateo, agnóstico o no “practicante” son titulaciones progresistas e inteligentes. Muy distinta es la actuación cuando como ocurre en la actualidad, nos acecha o nos vence un proceso maligno para el que no se tiene solución. He visto a lo largo del ejercicio de mi profesión más imágenes y estampas religiosas en la cabecera de los enfermos, que en algunas iglesias.

La falsedad hace su aparición y nadie rechaza los días de fiestas, de ocio, de largos puentes de descanso laboral y celebraciones. Era el momento para demostrar la negación de Dios, rechazando estos días de asueto, relacionados únicamente con el nacimiento de Jesús. Muy al contrario, nos deseamos “felices navidades” que no sé lo que quieren decir en boca de avanzados progresistas. Se quiere aparcar la pandemia, que es automóvil sin frenos.

El oleaje está convulso, bravío y turbio, ahora sí sabemos quién lo mueve, la indignación ante los hechos llevados a cabo por los seres humanos. Su sonido es bronco y en los acantilados agresivo. Pero no se deja llevar por la ira o el resentimiento y finalmente como ejemplo a seguir, acabará abrasándose con la arena en un idílico final de su unión.

 

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