Presupuestar contra las mujeres

Publicado: 10/06/2019
Autor

Juan Diego Morales Arroyo

Juan Diego Morales Arroyo es periodista y ocupa el cargo de director de contenidos de viva Málaga

¡Qué cosas!

En el blog 'Qué cosas' se hace un análisis de lo que ocurre, lo cotidiano más increíble. El porqué si eso, otro día

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No me vale la lágrima falsa en cada foto fija tras el asesinato de una mujer simplemente por el hecho de serlo
Es el terrorismo diario. Es nuestro terrorismo actual. Un terrorismo, desde luego, al que debemos de prestar atención prioritaria. No está, cuantitativamente hablando, a la altura aún del terrorismo de la dictadura de Francisco Franco, (que tanto le cuesta condenar a la derecha española), porque esto es casi imposible dado el grado de maldad, de fascismo y de horror y sangre insensata que la misma significó, donde los asesinad@s se cuentan por decenas de miles; y, en esta misma magnitud puramente numérica, está ya muy por encima del terrorismo de ETA, y sin embargo, ahí siguen los de siempre negando la realidad, poniendo parches, llamando a las cosas por nombres que no les corresponden, minimizando los hechos terribles, mercadeando por un puñado de votos para aprobar unos presupuestos con el dolor, la miseria, la ignominia, la mierda, si me permiten, que representan la violencia y el terrorismo machistas. Dar alas a un pernicioso aliado político, (tan miserable, tan rastrero), negar la evidencia del dolor, la discriminación, el desprecio hacia la mujer, en aras de mantener el poder y de aprobar tus números para que a los tuyos no les falte de nada, es un pecado tan atroz, tan imperdonable, que hay que esperar que al PP y a Ciudadanos les pase un día factura, una gran factura, una factura arrolladora. Cuando empiezas a asumir el discurso de que quienes reivindicamos la igualdad sin paliativos, de que quienes proponemos medidas correctoras para una situación claramente injusta e injustificable,  somos feminazis y sectarios, estás abrazando el mal y estás dándole alas. No me vale presumir de que estas ayudas o aquellas se incrementan; no me vale la lágrima falsa en cada foto fija tras el asesinato de una mujer simplemente por el hecho de serlo; ni me vale salir a la calle para quedar guapa o guapo en las protestas del 8 de marzo, sin alma, sin convicción, sin posibilidad de engañar a los demás como se engañan a sí mismos; no me valen retóricas ni falacias, ni me vale esa justificación de que “yo conozco a un pobre hombre que lo está pasando mal porque no le dejan ver”…, tontunas, excusas para mantener una desigualdad y unos planteamientos machistas que asquean y que pudren a nuestra sociedad, que denigran a quien los aplica, los propone, los defiende, le da alas con noticias falsas o desde púlpitos mediáticos (siempre los mismos, por cierto). Dicen las miserables estadísticas que en lo que va de año han muerto 26 mujeres y un niño por violencia machista (tod@s sabemos que son más pues solo se contabilizan las que son aniquiladas por sus parejas) y aún así, algunos están dispuestos a bajar al pilón de una formación de ultraderecha que se jacta de ir contra el “mantenimiento de subvenciones a los chiringuitos de género”, para difamar; para sembrar odio y machismo; para negar la realidad torcida e indeseable que vivimos; para seguir ahondando en la protervia de las desigualdades, del derecho a someter, de la supremacía masculina y el impresentable patriarcado. Y lo hacen las fuerzas de derechas que mangonean en Andalucía así, tan frívolamente, con la sangre caliente de las últimas víctimas aún palpitándonos y doliéndonos (al menos a los que tenemos sensibilidad y conciencia). Si los errores y las miserias se pagan, esperemos que algunos estén abonando hasta el final de sus días. Un puñado de votos, unos números, unas cuentas para “los nuestros”, no pueden crecer sobre el fango de la sangre de las mujeres. 

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