La bandera de Dios

Publicado: 02/03/2024
Autor

Manuel Varo Pérez “Ica”

Autor que cantara a su pueblo por carnavales y escribiera parte de su historia en Barbate Información, Trafalgar Información y Viva Barbate

Tambucho y Emparrillao

Narrador empedernido de un paraíso llamado Barbate, donde la naturaleza se distingue por su belleza

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Para mí, es todo un honor que me identifiquen con la 'Verde y Blanca', que simboliza la 'libertad sin ira' que preconizara el grupo 'Jarcha'.
Como cada veintiocho de febrero, saqué de mi baúl la 'Blanca y Verde' para celebrar el 'Día de Andalucía'. Aparte de conmemorar ese día, escuchando las notas del piano de José Sanjuan, acompañando la portentosa voz del Kañejo cantando el Himno de Blas Infante, recordé a José Manuel García Caparrós, asesinado por las balas de la sinrazón aquel '4 de diciembre de 1977' en su afán de subir a lo más alto esa bandera que teñía con su sangre. En su homenaje, engalané mi balcón, proclamando a los cuatro vientos el orgullo que mi corazón siente por haber nacido en esta bendita tierra. Porque para mí, es todo un honor que me identifiquen con la 'Verde y Blanca', que simboliza la 'libertad sin ira' que preconizara el grupo 'Jarcha'.

¡Sí!, ese día saqué mi bandera para recordar la historia de sus colores, la lucha de aquellos andaluces y el levantamiento de todo un pueblo que proclamaba justicia y libertad ante el abuso y la opresión. Y como cualquier andaluz, festejé con júbilo y felicidad el día de la 'patria andaluza'. Ojalá que todas las banderas ondearan para celebrar acontecimientos como este; una jubilosa jura de bandera; la identificación de los países participantes en cualquier evento, o los gloriosos momentos cuando en señal de triunfo les imponen medallas a los atletas y se izan las banderas de sus países.

Es verdad que estos símbolos que nos representan ahora se ven en tractores, camiones y otras herramientas para respaldar conflictos y protestas. Por supuesto, por personas que, como los andaluces, quieren hacer valer sus derechos, defender sus trabajos y protestar por los abusos ante la negligencia de políticos y negociadores. Igualmente, ocurre con las huelgas de la sanidad, trabajadores en paro, enseñanza pública, en su lucha por la dignidad ante las deficiencias agónicas de colegios, centros y hospitales. Se podrá, o no estar de acuerdo con que estos símbolos se exhiban en huelgas o manifestaciones, pero hay que tener en cuenta que están luchando por los derechos que les corresponden, y la ambición del poder se los niega. Lógico que también se vean obligados a enarbolar sus banderas. Otra cosa es cuando estos símbolos de todos son testigos de luchas partidistas, concentraciones particulares, manifestaciones políticas contra otros partidos, o los utilizan para ocultar robos y mentiras, ajena la unidad, paz y libertad. Ojalá que estas prendas les pasara como a los jueces de líneas, que por llevar solo un banderín se acuerdan de todas sus castas.

Es verdad que a lo largo de la historia las banderas han estado al lado de las dominaciones, guerras, victorias y, conjuntamente con tambores de granaderos, trompetas, gaitas, desfilaban con marcialidad en mástiles enarbolados por soldados, que entre tronar de cañones caminaban hacia la muerte. Escenas que hemos visto en muchas películas, en las cuales cuando caía el abanderado, otro lo reemplazaba para que siempre ondearan aquellas banderas. Pero lo más denigrante es que las banderas fueran 'santo y seña' de veleros negreros que traficaban esclavos; avanzadilla de las tropas que invadían otros países; inspiración de nazis malditos, o que en la actualidad, barcos, tanques y vehículos de guerra sigan exterminando a los más débiles levantando la ‘bandera de Dios’. 

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