Nueve meses y un día

Publicado: 28/02/2022
Autor

José Chamorro López

José Chamorro López es un médico especialista en Medicina Interna radicado en San Fernando

Desde la Bahía

El blog Desde la Bahía trata todo tipo de temas de actualidad desde una óptica humanista

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Qué ocurriría si entonces segásemos la vida: Criminalidad, encierro. Da la impresión que algo no estamos haciendo bien
El cuarto de estar es amplio. Los muebles de un rancio y áspero estilo castellano. En la chimenea la amplia llamarada distraía la retina y sobre la mesa rectangular, una taza de café, una copa de brandy y el prohibido habano, entrecruzaban sus aromas. La virginal blancura del folio aguardaba el grabado de la tinta que en forma de múltiples letras combinadas, como si se tratara de un “maratón moderno”, diera un ganador, “el artículo”, al que el papel de prensa le tenía reservado, como premio, un espacio.

Los medios de comunicación habían emitido aquel día una noticia recibida con el más empalagoso jolgorio demagógico por los que se han adueñado de la civilización y el progreso. En la América Latina, Colombia había conseguido que la interrupción del embarazo por ley, se prolongara hasta la semana veinticuatro, equiparándose así a las sociedades europeas más avanzadas. En una España rezagada en cuanto al número de semanas, esta situación ha dinamizado la tendencia ya pretendida de modificar la Ley de interrupción del embarazo o aborto.

¿Quién sabe lo que pensaba aquel lagarto que salía de entre las rocas, para tomar el cálido sol de la mañana y que nos miraba atento a la pandilla de críos armados de tirachinas y cantos rodados? ¿Y qué ciencia conoce lo que puede haber dentro de ese cerebro de los primeros meses de vida - ahora en celda intrauterina - y que la memoria en su fase embrionaria no es capaz de retener en forma de recuerdo?

La vida comienza con una enorme carrera maratoniana, donde millones de participantes solo pueden dar lugar a un ganador y el trofeo es la “fecundación”, el poder unir este sus gametos masculinos al pódium que esperaba su triunfo, el gameto femenino y juntos intervenir en la gran carrera de la vida, formando una sólida unión el cigoto. Nadie duda de la capacidad y gran esfuerzo físico que el campeón realiza ante las dificultades del terreno y la presencia por vez primera de la idea de erradicación, en forma de “píldora del día después”, de todo proyecto vital.

Combinados los genes y como si se tratase de los elementos sodio y cloro, ya está la sal de la vida constituida. La semilla que germina ya sabe que dará lugar a flores y frutos. El ser humano no es distinto. El que no exista el recuerdo no quiere decir que no haya existido el sentimiento. Encerrada en su hermoso habitáculo uterino, la vida embrionaria comienza su desarrollo, el físico, el psíquico y el de los sentidos. Las paredes de su entorno, permiten el paso de los sonidos y se comienza a reconocer y empatizar durante el periodo gestante, con las muy diferentes situaciones psíquicas o espirituales que su mundo exterior le depara. El encanto y la mimosidad, con que la madre lo trata, hoy día elevado a un grado superlativo por la presencia de su figura en la exploración ecográfica, da frondosidad de flor a esta primera parcela de la vida.

No todo es alegría y situaciones patológicas diversas pueden cercenar la existencia en sus primeros nueve meses de encierro gestacional, actuando sorpresivamente, pero lo que entristece hasta el horror al nuevo ser, es el oír la voz de la madre, del entorno familiar o del sanitario o de amistad, que con grave tono, unas veces compungido y otras arrogante o altivo, erizan su fina piel, con la misma intensidad con que percibe un reo su enfrentamiento al cadalso, proponiendo la interrupción de su vida y escudándose en una ley que la condición humana ha hecho dignifique este acto como justo.

Si sobrepasa este temor y alcanza la vida y la madurez con los años, este sujeto pensará, cuál es la diferencia en cuanto al pleno existir entre un ser de seis meses de vida intrauterina y otro de nueve y por qué el aborto realizado un día después de los seis meses puede ser castigado. Veinticuatro o treinta y seis semanas, es lo mismo. Hasta ese límite quiere llevarse la ley. Pero un día después de haber nacido, nuestras capacidades y dependencias son las mismas o quizás - y sobre todo los cuidados - muchos más. Y nuestra posibilidad de conocimiento, memoria y recuerdo. Qué ocurriría si entonces segásemos la vida: Criminalidad, encierro. Da la impresión que algo no estamos haciendo bien.

El sueño hace su aparición. Se consume el roble en la chimenea. El aroma se ha dispersado. El folio por fin ha saturado su blancura de azul oscuro de la tinta. El utópico artículo se ha concluido. La creatividad siempre precisa de acompañamiento y hoy se ha visto rodeada de luz, llama, aroma y sabor. Pero no ha encontrado respuesta que indique que la sociedad recuerde qué tiene ser humana.  Y nunca lo será si la vida no es respetada.

 

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